El presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), Rafael Ferber, ha emitido una contundente advertencia sobre el estado de la agricultura nacional, describiendo la situación debido a la sequía como de «luz roja». Si bien el golpe principal se sentirá en la actividad agrícola, sus efectos se extenderán a diversas ramas económicas, afectando a la nación en su conjunto. Ferber declaró que la agricultura se encuentra en un panorama de «alerta crítica» por la escasez de lluvias. Anticipa que para este año, los rendimientos de las cosechas clave, especialmente la soja y el maíz, podrían situarse significativamente por debajo de la mitad de lo usual. En una entrevista con el programa radial «Punto de encuentro» de Radio Universal, Ferber explicó que, tras el impacto inicial de la sequía, el sector se enfrentará a una «segunda fase» marcada por la acumulación de deudas y la necesidad de encontrar vías para saldarlas. Resaltó que la magnitud del problema es mayor en la agricultura que en la ganadería u otros rubros menos estacionales. Detalló que el impacto más severo en la soja y el maíz se debe a que la sequía ha golpeado el «epicentro» de la producción, la zona de Dolores, lo que se traducirá en rendimientos extremadamente bajos, incluso por debajo del 50% del promedio nacional. El titular de la ARU añadió que, aunque los agricultores serán los primeros en sentir el efecto, el daño de la sequía se propagará por toda la cadena productiva y de servicios. Estimó que esto afectará a sectores como el transporte, la logística y otros servicios asociados, vaticinando una reducción de la actividad económica y una pérdida de generación de unos US$ 1.000 millones para el país. Respecto a la actuación del gobierno, Ferber elogió la estrecha colaboración y el diálogo constante con los productores. Subrayó que la respuesta gubernamental ha sido la adecuada, consistente en proporcionar «herramientas financieras» para que el sector pueda gestionar la crisis, un método que, según él, ha sido la clave para superar situaciones adversas en el pasado. Enfatizó que el productor uruguayo «siempre ha pagado» y no suele recibir subsidios directos. Ferber también reflexionó sobre la tendencia climática de los últimos años, que ha creado un panorama continuamente desafiante para el agro. Mencionó que, si bien la tecnología ha evitado escenarios aún más catastróficos, la agricultura se enfrenta a un «desafío permanente». Contrastó el modelo histórico de «un año horrible, uno buenísimo y tres promedio» con la realidad actual, donde desde 2012-2013 se observa una prevalencia de «muchos años horribles». Concluyó explicando que las precauciones y la tecnología avanzada son las que permiten mantener los rendimientos actuales, por muy bajos que sean, señalando que hace 15 años, bajo condiciones similares, la cosecha habría sido «cero». Abordó la recurrente pregunta sobre el riego, indicando que su potencial es limitado (alrededor del 10%) y no mitigaría por completo el impacto. Enfatizó que el sector es inherentemente dependiente del clima, que ahora oscila «de un extremo al otro», lo que augura años «desafiantes».

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