El pasado 1º de mayo marcó el inicio de una nueva era para el sector ganadero de Uruguay, coincidiendo con la entrada en vigor del tratado entre el Mercosur y la Unión Europea. Este hito se contrapone, de manera simbólica, a decisiones como la de Ámsterdam, una de las ciudades europeas que, siguiendo el camino de Haarlem, Utrecht y Nijmegen, ha prohibido la publicidad de carne y combustibles fósiles en sus calles, reflejando una creciente preocupación por la sostenibilidad en el continente. Para la ganadería uruguaya, en particular la carne vacuna, que constituye una fuente esencial de proteínas, hierro y vitaminas para su población, este acuerdo abre un escenario de oportunidades inigualables. Con la disponibilidad de cupos crecientes que se incrementarán progresivamente cada enero, el país se posiciona para elevar el precio de exportación de su carne, proyectando superar por primera vez los US$ 6.000 por tonelada este año. La demanda europea, sostenida por un alto poder adquisitivo y una producción interna de carne en declive, ofrece un mercado propicio. Las proyecciones del bloque europeo indican una estabilidad en el consumo per cápita de carne hasta 2026, lo que, sumado a los precios elevados y la reducción del ganado, anticipa un aumento en las importaciones y una disminución de sus propias exportaciones de carne y animales vivos. En 2025, las importaciones de la UE ya experimentaron un alza del 18%, alcanzando las 418 mil toneladas, y Uruguay fue uno de los principales beneficiados, incrementando sus envíos en un 46,6% respecto a 2024, hasta las 72.222 toneladas peso carcasa, su volumen más alto desde 2009. Las 22.964 toneladas adicionales aportadas por Uruguay representaron casi un tercio del total extra importado por la UE. Este crecimiento de las exportaciones uruguayas se alinea con la contracción de la producción cárnica europea, que en 2025 alcanzó un mínimo de 6,38 millones de toneladas, un 7,5% menos en los últimos cinco años. La entrada en vigencia provisional del tratado de libre comercio representa una oportunidad concreta para Uruguay de expandir tanto el volumen como el valor de sus exportaciones. Un beneficio inmediato es la eliminación del arancel del 20% que gravaba los embarques dentro de la cuota Hilton, lo que, considerando la cuota de 5.600 toneladas de Uruguay, se traduce en un ahorro de US$ 11 millones en impuestos, según el Instituto Nacional de Carnes (INAC). La producción de carne vacuna en la UE mostró una caída del 6,4% en el primer bimestre de 2026, un ritmo que supera la proyección anual del 2,6% (170.000 toneladas menos que en 2025). Esto significa que Europa verá una disminución cercana a los dos millones de toneladas en su producción en un lapso de 15 años. Se espera que las importaciones europeas aumenten otro 10% en 2026, llegando a 460 mil toneladas, con datos de enero de ese año mostrando un incremento del 24%. Dentro del volumen exportado por Uruguay en 2025, los cortes de carne enfriada sin hueso tuvieron una importancia particular, representando el 43% del total (31.297 toneladas, un aumento significativo desde 23.248 toneladas) y generando el 72% del valor total (US$ 423 millones de US$ 589 millones comercializados). El precio promedio de estos cortes ha crecido consistentemente, de US$ 11.585 en 2023 a US$ 13.656 en 2024, y alcanzando US$ 15.301 en los primeros cuatro meses de 2026. Los principales destinos son Países Bajos (53%, actuando como centro logístico), Italia (13%), Alemania (12%) y Portugal (7%). Históricamente, Alemania ha pagado los mejores precios, pero Italia ha mostrado un notable repunte en el primer cuatrimestre de 2026, superando a Alemania. Uruguay se presenta como un proveedor ideal para el mercado europeo, gracias a sus credenciales de deforestación cero, una alta proporción de producción en campo natural que garantiza un elevado bienestar animal desde el nacimiento, una matriz energética limpia, trazabilidad completa, y la protección legal del monte nativo y la prevención de la erosión. Estas características le otorgan una ventaja competitiva decisiva frente a otros países del Mercosur. Paralelamente, la UE está desarrollando una estrategia sobre ganadería que, además de reconocer su papel esencial en el sector agrícola, busca abordar desafíos como la disminución de la población bovina y la baja rentabilidad. Esta iniciativa también integra las preocupaciones medioambientales y la necesidad de competitividad comercial, con el objetivo de hacer su sector ganadero resiliente y sostenible. Para Uruguay, esto implica un reto, ya que la UE planea armonizar las exigencias para los productos importados con sus propias normas de producción, incluyendo requisitos de bienestar animal, bajo una evaluación de impacto y cumplimiento del derecho internacional. El diagnóstico de vulnerabilidades de la UE resalta la disminución de la producción ganadera, los problemas de viabilidad económica debido a altos costos, la incertidumbre económica que afecta el bienestar de los ganaderos, la necesidad de reducir la huella ambiental, los desafíos sanitarios y los estándares de bienestar animal, y la competitividad comercial, donde los altos estándares de la UE a menudo no son recompensados por el mercado. Esto último es crucial, ya que se evalúa exigir la misma reciprocidad en los estándares de producción (incluido el bienestar animal) a los productos importados. Empresas como la española Vall Companys valoran la iniciativa de la UE, pero advierten sobre la complejidad del contexto, la presión regulatoria y la competencia internacional. Subrayan la necesidad de que cualquier nueva exigencia se aplique de forma gradual, proporcional y con apoyo financiero para evitar la pérdida de tejido productivo, e insisten en la reciprocidad de estándares para las importaciones. Las transformaciones que la UE propone para su ganadería —innovación en cría, eficiencia alimentaria, sanidad, tecnologías digitales, demanda de productos de alta calidad y sostenibles, bioeconomía circular e inversiones en bienestar animal y trazabilidad— son perfectamente aplicables y ventajosas para Uruguay. Estos elementos refuerzan la ambición del país de consolidarse como el proveedor global de la mejor carne vacuna gourmet. El mercado europeo será más exigente, pero Uruguay, con su posición competitiva superior a la de vecinos que carecen de trazabilidad, deforestan y tienen mínimas proporciones de pastizales nativos, tiene todo para triunfar. Al cumplir con los elevados estándares europeos, el posicionamiento de la carne uruguaya se tornará inigualable en la región.

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