Treinta y un miembros del cuerpo de bomberos uruguayo aterrizaron este sábado en Montevideo, finalizando su misión de apoyo en la lucha contra los devastadores incendios forestales que asolan la zona sur de Chile. La aeronave Hércules de la Fuerza Aérea Uruguaya tocó tierra a las 17:41 horas, tras un vuelo de aproximadamente tres horas desde Concepción. A su descenso, los efectivos fueron calurosamente recibidos por destacadas figuras como la ministra de Defensa, Sandra Lazo, y el ministro del Interior, Carlos Negro, junto a otras autoridades.
Estos especialistas habían partido hacia Chile el viernes 23 de enero, iniciando sus labores ese mismo día en la región del Biobío. La Dirección Nacional de Bomberos detalló que sus primeras jornadas se dedicaron a la planificación estratégica, el estudio del terreno y la ejecución de tácticas de contención indirecta. Esto incluyó la creación de cortafuegos utilizando herramientas manuales, siempre en estrecha colaboración con las brigadas forestales locales.
Leandro Palomeque, director del Sinae, había adelantado el 23 de enero a Subrayado que la misión de despliegue concluiría el 31 de enero. Los bomberos estuvieron acompañados por personal médico y contaron con su propio equipo manual, además de un vehículo de la institución. El convenio bilateral estipuló que Uruguay cubriría el transporte aéreo, los seguros de vida y la dotación de material, mientras que Chile se encargaría del alojamiento y la manutención. Las operaciones de extinción se limitaron a las horas diurnas.
En cuanto a la situación de los incendios en Chile, la justicia de ese país ha dictaminado arresto domiciliario nocturno para un individuo de 39 años, señalado como el posible causante del siniestro más devastador desde el 17 de enero. Esta resolución fue emitida por el juez Carlos Aguayo, del juzgado de garantía de Concepción. La fiscalía chilena argumenta que el hombre inició el fuego por la manipulación irresponsable de una chimenea improvisada para cocinar, en una casa bajo su cuidado en una zona rural del Biobío. A pesar de que la conflagración inicial fue dominada, las ráfagas de viento dispersaron las brasas, desatando un incendio de vastas proporciones que impactó Lirquén y se propagó hacia Tomé y Penco.
Los reportes actuales cifran en 21 las víctimas mortales, la mayoría de ellas residentes de Lirquén, y más de 21.700 personas han sido damnificadas. Las llamas han consumido aproximadamente 3.000 hogares y han arrasado cerca de 42.000 hectáreas en las regiones de Biobío, Ñuble y la Araucanía. La acusación fiscal contra el implicado es por homicidio culposo y quema de bosque, mientras que su defensa alega la ausencia de intencionalidad en el origen del incendio.