Las trabajadoras sexuales del departamento de Río Negro han manifestado su preocupación ante el cierre progresivo de whiskerías, una situación que las obliga a ejercer su labor en la vía pública, exponiéndolas a un incremento constante de situaciones de maltrato. Claudia Gutiérrez, presidenta de Comperst Uruguay, señaló que la violencia que enfrentan proviene tanto de la sociedad en general como de las fuerzas policiales, quienes, según denunció, incurren en prácticas de extorsión, apoderándose de sus recursos, teléfonos celulares y dinero. Gutiérrez también subrayó las iniciativas en curso para lograr que las trabajadoras sexuales sean eliminadas de los registros policiales y para impulsar reformas legales que las reconozcan plenamente, garantizándoles el acceso a todos sus derechos laborales. La líder de Comperst Uruguay enfatizó la histórica persecución que ha sufrido este colectivo, observando un recrudecimiento de la violencia en la comunidad. Particularmente, destacó la mayor vulnerabilidad y estigmatización que padecen las trabajadoras trans en comparación con las mujeres cis. En la misma línea, Ámbar Rosales, integrante de la Mesa de Trabajadores Sexuales, hizo un llamado enérgico a poner fin al maltrato y al acoso, reivindicando los derechos que les corresponden. Paralelamente a estas problemáticas, las trabajadoras sexuales, en colaboración con la Universidad de la República, han puesto en marcha un innovador programa de capacitación. Este busca prepararlas para ofrecer servicios a personas con discapacidad. Kariña Núñez, activista involucrada, explicó que la motivación surgió al constatar que el acceso a servicios sexuales para personas con discapacidad estaba limitado a hombres adinerados de grandes ciudades, dejando excluidos a aquellos con menos recursos. La formación, que tiene una duración de ocho meses, cuenta con el apoyo de fisiatras y orientadores en salud mental. Núñez detalló que son las familias de las personas con discapacidad quienes suelen contratar estos servicios, no el individuo directamente. Los resultados obtenidos hasta el momento, según la activista, son prometedores: se ha observado una reducción en el consumo de ansiolíticos por parte de los beneficiarios y una mejora significativa en sus vínculos de interacción social.

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