El discurso pronunciado por Yamandú Orsi este sábado en Barcelona, durante la cuarta cumbre “En Defensa de la Democracia”, fue difundido por Presidencia. En el encuentro, que congregó a varios líderes de izquierda y fue organizado por el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, Orsi compartió escenario con mandatarios como Lula Da Silva de Brasil, Claudia Sheinbaum de México y Gustavo Petro de Colombia, entre otros. Iniciando su intervención, Orsi destacó la compleja realidad global, marcada por “varios conflictos armados simultáneos que el sistema internacional no ha podido resolver ni contener”, subrayando que este escenario ineludible era el verdadero marco para el debate sobre la democracia. El mandatario uruguayo señaló una profunda contradicción: “la humanidad gastará este año más dinero en destruirse de lo que jamás ha invertido en su historia”, mientras paralelamente se celebran foros para discutir la paz, la democracia y el desarrollo sostenible. Para Orsi, esta paradoja no era meramente un contexto, sino “uno de los problemas que esta conversación debería resolver”. Orsi enfatizó que las naciones pequeñas “no pueden permitirse el lujo de la indiferencia”, ya que las decisiones de los centros de poder global repercuten directamente en ellas sin su participación. Por ello, el objetivo de su presencia no era refrendar consensos, sino “señalar lo que el consenso omite”. Lo primero que se omite, según Orsi, es que el sistema internacional “no está fallando ante estos conflictos”, sino que “está respondiendo exactamente para lo que fue diseñado”. Por tanto, afirmó la necesidad de cambiar este esquema: defender el multilateralismo no puede ser sinónimo de preservar el statu quo de 1945, sino de “construir algo nuevo que incluya las voces que entonces no estaban en la mesa”. **La relevancia de la energía en los conflictos actuales** Un segundo punto omitido, según el presidente uruguayo, es el reconocimiento de la energía como un factor crucial de la era actual, trascendiendo su rol meramente ambiental para convertirse en el “eje de la geopolítica, del desarrollo industrial y de la economía global”. Orsi vinculó los conflictos armados contemporáneos a las “disputas por energía”, señalando que la inteligencia artificial, pese a su promesa de progreso, demanda una cantidad de energía aún subestimada, equiparando el consumo de los centros de datos a países enteros. Así, quien controle este recurso “controlará también buena parte de la economía del futuro”. En este escenario, la transición energética se perfila no solo como una exigencia climática, sino como una “reconfiguración del poder mundial”. Orsi insistió en que una transición justa no debe implicar que las naciones en desarrollo asuman los costos de aquellas que se industrializaron primero. El presidente afirmó que su denuncia de las omisiones del consenso no proviene de una posición cómoda, sino del conocimiento de que las decisiones adoptadas en los grandes centros de poder “probablemente quienes la pagan seamos nosotros”, refiriéndose a los productores uruguayos, las familias dependientes del empleo y los ciudadanos que esperan una representación fiel de sus intereses. El líder uruguayo reiteró el compromiso de Uruguay con el diálogo, las instituciones y la cooperación internacional, considerándolos “la única salida viable” ante desafíos que ninguna nación puede afrontar en solitario. **Democracia y multilateralismo como antídoto al desastre** Orsi continuó su discurso afirmando la fe en la democracia, especialmente en un “mundo inundado de incertidumbre”, donde las palabras parecen vacías y la “autodestrucción ya es algo más que un asunto de novelistas”. Subrayó la responsabilidad de los líderes de “mejorar la calidad de vida” de sus ciudadanos, proclamando “Democracia” con firmeza. Orsi instó a una pausa en la “carrera desenfrenada hacia el futuro” para reflexionar sobre los errores del modelo social y avanzar hacia un “porvenir repleto de humanidad”. Resaltó el valor de “más de doscientos años de lucha constante por la libertad, la igualdad y la soberanía”, afirmando la elección de vivir en libertad y de defender la igualdad ante la ley y de oportunidades. El presidente describió la identidad latinoamericana como un “maravilloso crisol” que fusiona el humanismo cristiano, el amor indígena por la comunidad y la naturaleza, y el poder de la Razón. Concluyó esta sección lamentando que América Latina haya padecido el “atropello de las dictaduras militares” y el “autoritarismo impuesto a sangre y fuego”, lo que explica el dolor ante la intolerancia y la pérdida de libertades. **Seguridad y convivencia como derechos fundamentales** Orsi también abordó la “dramática renuncia, aparente o real, a los derechos fundamentales”, cuestionando si la incapacidad de asegurar garantías básicas para la vida y la convivencia había puesto en jaque otros pilares democráticos. Enfatizó la seguridad como un derecho fundamental que otorga libertad y llamó a “reparar” estas cuestiones. Para concluir, el presidente uruguayo afirmó que los pilares de las sociedades democráticas —la defensa de las libertades, la búsqueda de la igualdad, el bienestar y la seguridad ciudadana—, junto con la promoción “porfiada” del diálogo entre naciones con diversas culturas y gobiernos, y la comprensión de que la interdependencia y el multilateralismo constituyen “el único camino para evitar el desastre”, son esenciales. Recalcó que la paz no es meramente la ausencia de conflicto, sino “también presencia de justicia”.

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